jueves, 4 de agosto de 2011

...tea

Érase una vez un príncipe que no era de carne y hueso, sino de tinta y agujeros. Un príncipe que en lugar de rescatar a su princesa, la encerraba. Un príncipe que no tenía caballo, ni ropas, ni letras, ni corona. 

Pasaron dos largos años en los que la princesa sabía que él era su príncipe, no por las apariencias, claro está, sino por todo lo que le decía en sus cartas.

Sin embargo, tras este tiempo, y en vistas de que su príncipe nunca llegaba, le pidió una muestra de amor que le permitiera esperarle aún más.
El príncipe dijo que le daba miedo regalarle una rosa por si se pinchaba con las espinas. Le dijo que no se atrevía a sacarla de la torre por si el dragón se enfadaba. También dijo que no se atrevía a besarla por si en vez de despertar, la envenenaba del todo. Habló también de que ella era de mayor linaje que él, con más tierras y riquezas, y que no lo soportaría.
Mencionó, del mismo modo, que la torre de la princesa estaba muy lejos de su castillo, y que sin un caballo no podía llegar hasta allí.

Al principio, la princesa le creyó porque tenía fe absoluta en él, pero, al tiempo, entristeció y le preguntó que por qué no iba caminando. Él respondió que le daba miedo lo que pudiera encontrar en el difícil camino.
 
Cansada de su soledad, la princesa, entabló amistad con un lugareño que veraneaba por allí, al sur. Éste escaló la torre porque sabía de esas cosas y no necesitó ayuda de nadie. Además, a diferencia del príncipe, le regaló cosas que nunca podrían marchitar. Le ofreció la fuente de la juventud, en forma de bebida afrodisiaca. Le bañó en el mar de sus ojos. Le abrazó y nunca más la soltó.

La princesa decidió no esperar más al príncipe y  cambiar su país lejano y frío, muy al norte, y por las bonitas y cálidas tierras del sur.

Y así fue como el príncipe se ahogó en sus propios agujeros con tinta mientras la princesa escalaba hacia el cielo con su amor que nunca pondría final a las palabras de su historia. 


martes, 19 de julio de 2011

NATURA-LMENTE

La cadena danzó sobre los campos y a través del monte hasta una senda que acababa en la pasmosa belleza del feldespato, donde las manos de Paul D desobedecieron la tumultuosa ondulación de su carne y prestaron atención. Con una almádena en la mano y Hi Man en cabeza, los hombres aguantaban. Aguantaban cantando y golpeando, truncando las palabras para que no fueran entendidas, amañándolas de modo que las sílabas formaran otros significados. Cantaban a las mujeres que conocían, a los niños que habían sido, a los animales que habían domado o visto domar. Cantaban a los capataces, los amos y las amitas, a las mulas y los perros, a la desfachatez de la vida. Cantaban amorosamente a los cementerios y a las hermanas desaparecidas. A los cerdos del bosque, a la comida en el cazo, al pez en el sedal, a la caña de azúcar, a la lluvia, a las mecedoras.
Y golpeaban. A las mujeres por haberlos conocido y nada más, nada más; a los niños por haber sido ellos mismos y no volver a serlo. Mataban con tanta frecuencia y tan completamente a un capataz que tenían que devolverle la vida para volver a quitársela. Saboreaban pasteles de maíz y martilleaban. Entonaban canciones de amor a la Muerte y le aplastaban la cabeza. Y sobre todo mataban a la mueca que la gente llamaba Vida, por engañarlos. Por hacerles creer que el próximo amanecer valdría la pena, que otra jornada cambiaría su suerte. Sólo cuando estuviese muerta, estarían a salvo.

                                              TONI MORRISON     Beloved

viernes, 17 de junio de 2011

LA INOCENCIA

Una vez pillé a mi novio con otra mujer en la cama. Y no veas si lloré. Qué joven era.
      Fue igual que en las películas. Yo llego antes de tiempo, abro la habitación y veo a aquella tía encima de mi novio gimiendo; pego un grito, ella pega otro más grande, mi novio dice todo seguido <<mecagoenlaputa>>, yo me quedo inmóvil sujeta del pomo de la puerta, la tía sale corriendo de un lado a otro de la habitación buscando sus bragas y preguntando histérica que quién era yo. Mi novio salta de la cama tapándose sus partes con las manos y en ese momento de su boca sale una frase originalísima: << Tranquila, cariño, que te lo puedo explicar.>> La chica seguía sin encontrar sus bragas y yo seguía agarrada al pomo de la puerta. Mi novio continuó igual de brillante: << Cariño, esto no es lo que tú piensas.>> Parece mentira, pero juro que lo dijo. Yo estaba a punto de desplomarme, las piernas se me aflojaban viendo aquella escena, cuando descubrí lo peor, la humillación más extrema que se puede vivir, eso al menos creía yo por entonces que no había vivido casi ninguna humillación. Mi novio no me estaba dando explicaciones a mí, sino a la chica de las bragas. De repente, se abraza a ella, los dos desnudos, y le dice mientras me miran que con esa chica -ésa era yo- ya había terminado hace tiempo, pero que seguía teniendo la llave de su casa; que era muy pesada y que no había manera de quitársela de encima. Mi juventud se notó más que nada en mi manera de contestar entre sollozos: <<Malo, que eres muy malo>>, y salir corriendo.
    La inocencia no es nada buena, porque te hace sufrir innecesariamente. Tengo la sensación de que si eso me pasa ahora, en lugar de sollozar, me entra la risa. Y no es que esté tan de vuelta para que no me importe ver cómo mi pareja me la pega con otra; es que de no haber sido tan ingenua hubiera comprendido que aquella relación con aquel tipo al que yo consideraba mi novio era exclusivamente sexual. Él quería solo sexo, mientras yo debía estar buscando al padre de mis hijos.
     La inocencia se pierde en el momento que sabes descifrar a qué tipo de relación te enfrentas y a disfrutarla tal y como es. Sin aditivos, sin confundir un polvo con un romance o a estar excitada con estar enamorada. No siempre es lo mismo. Yo diría que casi nunca es lo mismo. Tengo la sensación de que las mujeres nos pasamos buena parte de nuestra vida teniendo que justificar nuestro deseo sexual mezclándolo con otras cosas como el enamoramiento, el amor, el romanticismo. Qué pesadas, cuántas cosas nos perdemos cuando somos así de jóvenes. Yo misma, ahora recuerdo a aquel novio mentiroso y me pongo contenta. La verdad es que aquel tío se lo montaba de maravilla en la cama; además era guapo; qué digo guapo, estaba buenísimo: qué torso, qué abdominales, qué bien acariciaba siempre el lugar exacto, de la manera perfecta y en el momento preciso, también con las manos. Además, estaba muy bien dotado, y lo que aguantaba, y lo que sabía, y ese tatuaje en el culo, y qué culo. Y yo creyendo que lo que estaba era enamorada.
     La inocencia lo confunde todo.


                                                                                 NURIA ROCA

martes, 14 de junio de 2011

(20:00) ¿Qué es para ti el color verde?

El primer amor
su pelo
sus ojos
su nariz
su boca
su lengua
sus orejas
su cuello
su cuerpo
sus manos
sus pies
su belleza
su risa y su sonrisa
su mirada
su corazón
sus sentimientos
su cariño
ÉL
LA FELICIDAD

jueves, 26 de mayo de 2011

(01:56) La historia del amor

Se quedaron en silencio.

Al fin pudo decir dos palabras "Ven conmigo".
Ella apretó los párpados. "Ven conmigo", repitió él alargando la mano.
A ella le resbalaban las lágrimas por las mejillas.

Tres veces se lo pidió.

Ella negó con la cabeza. "No puedo" dijo.

Miraba al suelo.

"Por favor", dijo ella.

Así pues, él hizo lo más difícil que había hecho en su vida: cogió su sombrero y se fue.


NICOLE KRAUSS

sábado, 21 de mayo de 2011

tiempo que lleva tiempo

no existe un final...

[vivieron lo bueno, lo malo, la distancia, la cercanía, el teléfono, el ordenador, la mano, la piel, la carta, la lengua, lo difícil, lo raro, el adiós, el hola, el te echo de menos, el vete de aquí]

...solo un punto y aparte

martes, 17 de mayo de 2011

01:58 - Un placer conocerla


Ragazza

«Discúlpeme» 

-sueño que le interrumpo en plena calle-, 

«lleva usted mi corazón 
pegado a la suela del zapato». 
Y, entonces, 
descubro que también me envuelve 
el violeta dulce y calmo de sus ojos.



Elena Medel