martes, 19 de julio de 2011

NATURA-LMENTE

La cadena danzó sobre los campos y a través del monte hasta una senda que acababa en la pasmosa belleza del feldespato, donde las manos de Paul D desobedecieron la tumultuosa ondulación de su carne y prestaron atención. Con una almádena en la mano y Hi Man en cabeza, los hombres aguantaban. Aguantaban cantando y golpeando, truncando las palabras para que no fueran entendidas, amañándolas de modo que las sílabas formaran otros significados. Cantaban a las mujeres que conocían, a los niños que habían sido, a los animales que habían domado o visto domar. Cantaban a los capataces, los amos y las amitas, a las mulas y los perros, a la desfachatez de la vida. Cantaban amorosamente a los cementerios y a las hermanas desaparecidas. A los cerdos del bosque, a la comida en el cazo, al pez en el sedal, a la caña de azúcar, a la lluvia, a las mecedoras.
Y golpeaban. A las mujeres por haberlos conocido y nada más, nada más; a los niños por haber sido ellos mismos y no volver a serlo. Mataban con tanta frecuencia y tan completamente a un capataz que tenían que devolverle la vida para volver a quitársela. Saboreaban pasteles de maíz y martilleaban. Entonaban canciones de amor a la Muerte y le aplastaban la cabeza. Y sobre todo mataban a la mueca que la gente llamaba Vida, por engañarlos. Por hacerles creer que el próximo amanecer valdría la pena, que otra jornada cambiaría su suerte. Sólo cuando estuviese muerta, estarían a salvo.

                                              TONI MORRISON     Beloved

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